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El enigma en el hotel Burgos

El edificio Burgos ubicado en la calle Palmeras, recientemente ha sido punto de partida de conversaciones cotidianas en sus alrededores y, desde luego, dentro de la misma instalación. Se han escuchado rumores sobre la aparición de un olor putrefacto que invade el ascensor cada vez que llega al piso octavo hasta el piso décimo. pero en sentido inverso, es decir, cuando baja del décimo hacia el primer piso no sucede ¡absolutamente nada! pero como les digo queridos lectores, son especulaciones de los residente y visitantes que por alguna circunstancia han tenido que experimentarlo. 

Por tales rumores, Carlos, residente del departamento 113A del piso décimo, toma el ascensor en el primer piso y para cuando llega al séptimo, se baja y sube los tres pisos restantes por las escaleras; así lo ha hecho repetidas veces. Sin embargo, en medio de su rutina de arduo trabajo llega al edificio apenas con sus parpados abiertos y su alma fija en el cuerpo. Saluda al recepcionista, Alberto, y se dirigió hacia el ascensor. Estando adentro, oprimió en la pantalla táctil el piso décimo. 

Se pone en marcha el ascensor. Segundo piso, sus ojos detenidos en la pantalla que marcaba el dos y su postura de hombros encogidos y la pierna derecha cruzada sobre la izquierda. Tercer piso, misma postura, diferente marcación en la pantalla. Cuarto piso, manos sobre su rostro cubriéndose los ojos, producto del sueño que tenía. Quinto ... sexto piso, manotazos a la pantalla táctil y, en ese momento, Carlos se dijo -Qué lentitud, necesito llegar rápido; uno, dos y tres golpes más a la pantalla, sin embargo, aún no caía en cuenta de que recorrería todos los pisos en ascensor. Séptimo piso, -¿por qué se está oscureciendo? ¿será que he dañado la energía con mis fuertes golpes? ¡auxilio, me he quedado sin energía! ¡está muy oscuro!. Octavo piso, el aire se hace cada vez más frío, su respiración es cada vez más débil y sus piernas flaquean; Carlos no entiende que está sucediendo con su cuerpo y la energía dentro del ascensor por desgracia no regresa. 

Noveno piso, - huela a... huele a... huele a... ¡muerto! reconozco ese olor ¡auxilio! no puedo ver nada, hay demasiada oscuridad, no logro reconocer el sitio específico en el que estoy ubicado. En medio de su desesperación, logra llegar hasta los botones de la pantalla, pero su intento es inútil, pues ascensor se ha bloqueado, lo que le imposibilita la salida. Empieza a sentirse una vibración fuerte. Un choque, otro choque, repetidos choques contra la pared; carlos sigue sin tener dominio de su cuerpo. Se cae al suelo y siente caer en algo muy blando, inexplicable por la imensa oscuridad que se hallaba a su alrededor. Mientras lucha por ponerse de pie, se enciende la luz. 
 
[...] ¡Ahhhh!- grita Carlos con todos sus pulmones, poniéndose sus manos sobre el rostro.

Piso décimo, se abren la puertas del ascensor, nadie adentro.


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