El pantalón, el pantalón tiene un roto. Justo en la rodilla de aquella silueta femenina. Ahora, siendo un roto, me han comprado en... en... en... Kan Can Jeans. Pensé nunca ser usado, pues ¿quién querría tener algo roto en su cuerpo? Sin embargo, soy un roto amistoso; puedo darle al cuerpo de esta dama mayor sensualidad, modernidad y, desde luego, aire. Aire porque el jean al que hago parte, su alto tiro, apreta hasta el grado de succionar las imperfecciones.
No sé cuándo ni cómo me convertí en un roto, pero sé que me he adaptado a lo que soy: asimétrico y vacío.
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