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¡El pianista que no toca en absoluto!

Se levanta del asiento, camina unos cuantos pasos hasta un lugar donde las cámaras no logren captarlo. Se da vuelta hacia el lado izquierdo y saluda al público con ancha sonrisa. Acto seguido, su sonrisa se desvance a medida que gira nuevamente pero ahora en sentido derecho quitando la mirada de su público. Camina hacia la parte de atrás del escenario con la necesidad de encontrar una ventana. Llegado a este lugar, sube una pierna, luego la otra torpemente debido a su edad avanzada. En dicho momento, hace su mayor impulso y se lanza hacia la calle. Se hallaba en un quinto piso. Pero no murió, su capa es ahora su heroe.

Entonces, empezó a volar al rededor de la calle en diferentes direcciones con la vaga sensación no haber logrado lo propuesto, pero a la vez con el sentimiento de un renacer. Solo pudo descender cuando su alma se encontraba en un estado de serenidad. Como la mayoría de los cuentos, y este no se escapa de ser uno de ellos, el pianista comprendió que la música y la actuación requieren de esfuerzo y concentración sin dejarse llevar por la desesperación.

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